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1 mayo, 2004

UN ARMA DEMASIADO PODEROSA

Trabajan en el campo. Tras un largo día de trabajo, de vuelta hacia el hogar, el padre se sintió muy cansado y dijo:

• Hijo mío, vamos a reposar un poco, y luego seguimos caminando.

Así lo hicieron. Tan fatigado estaba el padre, que enseguida se durmió. Era un hombre calvo y de repente un tábano se paró en la cabeza del campesino dispuesto a darse el gran banquete con su sangre. El hijo lo vio y, no dispuesto a consentirlo, cogió una pesada rama y la estrelló contra el tábano. El resultado fue obvio e inevitable: abrió la cabeza del que estaba dormido y a punto estuvo de causarle la muerte. Cuando, pasadas unas semanas, el hombre se recuperó, le preguntó a su hijo:

• Hijo, ¿no podrías haber ahuyentado al tábano de otra manera?

El hijo repuso:

• No, padre, en absoluto; se me podría haber escapado.

El Maestro dice: No hay mejor asociación que aquella que es con sabios. Las buenas intenciones son esenciales, pero acompañadas de algún discernimiento.

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