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1 mayo, 2004

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TRASTORNO OBSESIVO-COMPULSIVO

Las obsesiones son ideas, pensamientos, imágenes o impulsos que parecen no tener sentido alguno pero que, sin embargo, continúan viniendo a la mente. A modo de ejemplo podríamos citar las imágenes violentas o la idea de hacerle daño a alguien o el miedo de dejar las luces o la cocina encendida o no cerrar la casa. La persona se da cuenta de que estos pensamientos o miedos son irracionales y trata de suprimirlos, pero durante horas, días, meses o inclusive más tiempo, continúan viniéndole a la mente. Estos pensamientos o imágenes no son simplemente una excesiva preocupación por los problemas cotidianos de la vida, y por lo general no están relacionados con un problema real.

Las compulsiones son comportamientos o rituales que se realizan para mitigar la ansiedad causada por las obsesiones. Por ejemplo, lavarse las manos varias veces para mitigar el miedo de contaminarse, verificar una y otra vez que la cocina esté apagada o mirar constantemente el espejo retrovisor para disipar el miedo a chocar. La persona se da cuenta de que estos rituales no tienen lógica, pero siente una compulsión a realizarlos para mantener alejada la ansiedad asociada con esa obsesión en particular.
El conflicto entre el deseo de liberarse de la compulsión al ritual y el
deseo irresistible de realizarlo origina ansiedad, vergüenza y hasta desesperación. Al final, puede dejar de luchar contra la compulsión y entregarse a ella por completo.

Las obsesiones pueden aparecer solas, sin estar necesariamente acompañadas de compulsiones. De hecho, el 25 por ciento de las personas que sufren el trastorno obsesivo-compulsivo sólo tienen obsesiones, y en general se centran en el miedo de causarle daño a la persona amada.

Las compulsiones más comunes son el lavado, la verificación y la “cuenta”. Si alguien es un “lavador”, está constantemente preocupado por evitar la contaminación, evita tocar los picaportes, dar la mano o tomar contacto con cualquier objeto al que asocie con gérmenes, suciedad o sustancias tóxicas. La persona puede pasar, literariamente, horas lavándose las manos o bañándose para reducir la ansiedad de contaminarse. En general, tienen esta compulsión más las mujeres que los hombres. Sin embargo, los hombres son más verificadores que las mujeres. Necesitan verificar numerosas veces que la puerta esté cerrada para mitigar la obsesión de ser robados; verifican que la cocina esté apagada para mitigar la obsesión del incendio; o chequean el camino para mitigar la obsesión de chocar a alguien. Con respecto a la compulsión de contar, uno tiene que contar hasta un determinado número o repetir una palabra determinado número de veces para mitigar la ansiedad de que le suceda algo a uno o a otra persona.

Es frecuente que el trastorno obsesivo-compulsivo esté acompañado de depresión. De hecho, la depresión hace disminuir la preocupación acompañada de obsesiones. Este trastorno también puede estar acompañado de evasiones fóbicas. Por ejemplo en el caso de la obsesión de contaminación, se pueden llegar a evadir los baños públicos o el tocar picaportes.

Es muy importante darse cuenta de que por más extraño que pueda parecer el comportamiento obsesivo-compulsivo, no tiene absolutamente nada que ver con “estar loco”. La persona obsesivo-compulsiva siempre se da cuenta de la irracionalidad y falta de lógica de sus pensamientos y conducta, y se frustra mucho (y también se deprime) al no poder controlarlos.

El trastorno obsesivo-compulsivo solía ser considerado una rara alteración de la conducta. Sin embargo, los estudios recientes han demostrado que un dos o tres por ciento de toda la población padece, en mayor o menor grado, el trastorno obsesivo-compulsivo. El motivo de la subestimación de la prevalencia del trastorno fue que los que la padecían eran renuentes a contar su problema. Este trastorno afecta a hombres y mujeres en igual proporción. A pesar de que muchos casos del trastorno obsesivo-compulsivo comienzan durante la adolescencia y primera etapa de la adultez, aproximadamente la mitad de los casos comienzan durante la infancia. Aparece antes en los niños que en las niñas.

No se sabe con exactitud las causas del trastorno obsesivo-compulsivo. Existe alguna evidencia de que el trastorno está asociado con la deficiencia de un neurotransmisor del cerebro llamado serotonina, o con una alteración en el metabolismo de dicho neurotransmisor. Se llega a esta conclusión por el hecho de que muchos de los que la padecen mejoran cuando se les administra medicación que aumenta los niveles de serotonina del cerebro. De todos modos, aún se requiere mayor investigación sobre el tema.

Podemos hablar de tres enfoques para los tratamientos que han dado resultado para aliviar las ideas obsesivas y las conductas compulsivas.

Uno de ellos, el “conductual”, es una estrategia de modificación del comportamiento denominada exposición y prevención de la respuesta. Se caracteriza por la sistemática exposición a situaciones que originan pensamientos obsesivos y luego se previene la ejecución de la conducta compulsiva. Por ejemplo, si la persona tiene la obsesión de que va a contaminarse y se lava las manos compulsivamente, se le pide que se exponga a algo que considera sucio, como por ejemplo un picaporte, y luego se le pide que reduzca el número de veces que se lava las manos o que directamente se abstenga de lavarse las manos. Así mismo, si cada vez que se va de la casa, la persona verifica cinco veces que la puerta esté cerrada, se le pide que gradualmente reduzca el número de veces a una. En general, alguien tiene que acompañar a la persona en esas situaciones en las que tiende a ser compulsiva para poner en práctica la “prevención de la respuesta”. La idea general es tolerar cierto nivel de ansiedad, ya sea prolongado la espera antes de iniciar la conducta o reduciendo la “cantidad” de respuestas.

El enfoque cognitivo, para la modificación de las conductas, consiste en vencer la ” no-soport-itis ” para lograr que la persona tolere el esperar para su ritual, o para reducir la frecuencia. Para los pensamientos que la persona quisiera evitar, el enfoque cognitivo consiste en reducir culpa miedo o ansiedad, al hacerle comprender que el tener pensamientos no implica que se vayan a transformar en conductas, que todos tenemos a veces pensamientos que no transformamos en conductas. Les explicamos que podemos ser responsables de nuestras conductas, porque dependen de nuestra voluntad, pero no somos “responsables” de los pensamientos.

TERAPIA COGNITIVO CONDUCTUAL

Este abordaje cognitivo tiende a la tolerancia sin temor y sin culpa de los pensamientos reduciendo la ansiedad y a facilitar las tareas de exposición y prevención de la respuesta en los recursos conductuales.

El otro tipo de tratamiento que ha dado resultado es la medicación. De todas los medicamentos que han sido probados, el Anafranil y los antidepresivos Inhibidores de la Recaptación Selectiva de la de la Serotonina (IRSS) han sido muy efectivos. Los resultados han sido la mejoría o la desaparición de los síntomas en el 50-60 por ciento de las personas tratadas. Cuando la medicación se combina con los recursos cognitivos conductuales , el porcentaje de mejorías llega al 80 por ciento.

Trastorno Obsesivo-Compulsivo
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