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22 enero, 2013

Jóvenes condenados a vivir en el margen

Por Fernanda Sandez | Para LA NACION

Los vimos. Corrección: se dejaron ver. Algunos iban con la cara cubierta, otros ni siquiera se demoraron en ese mínimo camuflaje. Tal vez no les importó que otros los vieran. Tal vez saben que sus caras no importan porque nadie repara demasiado en ellas. Ni en ellos. Son, en ese sentido, invisibles. Hasta que “algo” pasa (y lo que pasó hace un mes fueron saqueos en Bariloche, Rosario, y así hasta llegar a 40 ciudades, a 292 comercios, a 26 millones y medio de pesos perdidos, a 500 detenidos y a 4 muertos) y entonces sí: los vemos. De golpe y de a montones. Son chicos de catorce, veinte y no muchos más años en el remolino de cada andanada. ¿Que hubo quienes sólo fueron a mirar? ¿Que también hubo adultos? Seguro. Hubo adultos, mayores y hasta niños. También salteadores que se presentaron a la cita en camionetas, y se hartaron de cargar electrodomésticos y pantallas gigantes. Pero eso no implica desconocer la impronta joven de esa marea que irrumpió en supermercados y almacenes, y que se vuelve dato: la mitad de los muertos de aquellos días no tenía ni 25 años. …

…En efecto, para muchos jóvenes, las ideas del progreso a través del esfuerzo y del ascenso social a través de la educación son memorabilia de un mundo que ni siquiera tuvieron el gusto de conocer. “Para los adolescentes de ahora, la educación ha dejado de ser herramienta de progreso. A estar mejor se llega por conexiones (según los jóvenes de clase media y alta) o por «un golpe de suerte» (según los jóvenes de los sectores más empobrecidos)”, explica Graciela Moreschi, psiquiatra y autora del libro Adolescentes eternos (Paidós). “En un mundo imprevisible, todas las trayectorias previstas se han roto. No hay idea de recorrido, de planificación, de pasado ni de futuro. Por eso no piensan en «progresar», sino en «salvarse»”, apunta. El presente desbordado del saqueo es, en cierto modo, la epifanía de esa inmediatez. El estallido del ahora, en el más literal de los sentidos: todo junto, todo ya, todo al alcance de la mano. …

Artículo completo en La Nación

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