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2 octubre, 2008

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HIJOS DE LOS QUE FUERON JÓVENES EN LOS SETENTA

La juventud que en la década de los setenta se rebelaba contra las normas establecidas y privilegiaba el amor a la guerra, hoy son padres de jóvenes que promedian los treinta años, muchos de ellos adolescentes eternos.

De aquella juventud rebelde fueron las conquistas de género,  la libertad sexual, el hippismo y las revoluciones  latinoamericanas. En mayo del 68, estalló en Paris una crisis estudiantil que anticipó el fin del Modernismo, y  aunque hoy algunos hayan olvidado aquellos lejanos episodios,  su repercusión se siente aún en nuestros días. Basta recordar las consignas que se exhibían en los graffitis de entonces para advertir cómo ellas se han filtrado en nuestras conciencias y aún resuenan en las acciones o  manera de pensar :

– Prohibido prohibir.

– La imaginación al poder.

– No le pongas parches, la estructura está podrida

– No queremos un mundo donde la garantía de no morir de hambre supone el riesgo de morir de aburrimiento.

– La barricada cierra la calle, pero abre la vía.

– Olvídense de todo lo que han aprendido. Comiencen a soñar.

 

Podríamos decir que el corte que tuvo la generación de los años setenta con las que los precedieron,  fue uno de los más duros y violentos de la historia, por lo que en el relevamiento de la posta que significa el curso de la vida se han perdido valores y  modelos dejando a los protagonistas atrapados en las contradicciones de dos sistemas opuestos. .

Nosotros, padres de estas nuevas generaciones, hemos sido educados con los valores de la Modernidad, creímos en el progreso y nos esforzamos para alcanzar nuestras metas, lo que no advertimos es que éstas se fueron corriendo, porque el sistema nos entrampaba con nuevas propuestas. Por mirar al futuro, nos perdimos el aquí y ahora y cuando nos dimos cuenta para muchos ya era tarde.

Como padres estamos ante un gran desafío, debemos dar respuestas a un mundo cambiante sin modelos en los cuales apoyarnos.

 Para ser diferentes a nuestros predecesores apostamos al diálogo, pero olvidamos que los límites no se negocian y hoy nos sentimos  superados, invadidos y confundidos respecto a lo que los hijos pueden y deben hacer.

Los problemas cotidianos que enfrentan los padres de los adolescentes eternos  pueden parecer minúsculos, pero poco a poco han sido desplazados de su propia casa y los conflictos repetidos diariamente los deja sin refugio en su propio hogar.

Decimos que la adolescencia se ha prolongado cuando se demora la resolución del conflicto adolescente, y por tanto la consolidación de la identidad. En algunos casos solo se trata de una postergación, en otros se convierte en una forma de vida. En Estados Unidos los llaman generación Odisea, porque buscan sin llegar a puerto.

 

La familia como cualquier ser vivo es dinámica y cambiante, y como el  individuo, atraviesa distintas fases en su desarrollo. Cuando la familia y sus individuos se cristalizan en una de estas etapas estamos ante una disfuncionalidad.

Hablamos de critalización cuando se detiene la evolución y lo que debería ser una etapa se convierte en una forma de vida. Cuando los hijos continúan en el nido a pesar de tener la edad suficiente como para abandonarlo hablamos del: “síndrome del nido lleno”

Pero lo que más nos interesa de todo este cambio es la superposición de las etapas. Entre los niños apurados por crecer, y los adolescentes que se extienden en el tiempo, estamos los adultos tratando de detener el paso de los años. Adultos que aparecen como vulnerables a los ojos de los hijos y han dejado de ser figuras a imitar. Ahora los modelos identificatorios están en los medios (personajes de TV,  lideres de la música popular, etc.)

Si analizamos la relación que los adultos de hoy tenemos con nuestros los hijos encontramos diferentes reacciones, a algunos les cuesta poner límites ya que lo confunden autoridad con autoritarismo y ven el límite como un signo de  despotismo y represión, aunque luego se angustien ante el avance arrollador de los hijos, otros imitando a sus hijos compiten con ellos cual si fueran sus amigos.

 

Ahora nos ocuparemos de los padres que han convertido a sus hijos en reyes de la casa (REIFICADO)  y ponen todo su esfuerzo al servicio de ellos:

A muchos de estos padres el futuro los alcanzó ya cansados y para no enfrentar la frustración que esto significa, ataron  sus sueños a  sus hijos y no los dejan ir. No es la represión la que los retiene, sino el amor. Plantitas demasiado regadas, nidos demasiado cómodos, hijos engullidos por la sobreprotección para quienes la madurez lejos de ser un privilegio se ha transformado en una realidad postergable en la medida de lo posible.  Por qué querrían dejar ese lugar de privilegio logrado en el hogar paterno para ser uno más en la lucha por la existencia. La madurez para estos jóvenes no es una meta a lograr porque sólo conlleva rutina y obligaciones

 

Hay otro tipo de padres muy diferente a los anteriores que no quiere abandonar sus privilegios y trata de mantenerse en un estado de permanente juventud el mayor tiempo posible, ya sea haciendo uso de la ciencia , o tratando de perpetuarse en sus roles laborales y familiares como ocurre con muchos de los padres de adolescentes prolongados.

Son los que temen que su declinación física los eche del sistema, porque saben que es una sociedad en la que “no hay lugar para los viejos, aunque cada día haya más cantidad de personas grandes y con más edad”, siendo ésta una de las tantas paradojas de nuestra cultura.

 Estos padres se niegan a dar un paso adelante, prefieren indiferenciarse con sus hijos y convivir en una relación de peligrosa igualdad. Digo peligrosa porque falta la diferenciación de roles necesaria para que la familia funcione como tal. Son individuos convivientes bajo un mismo techo, con poco o nada en común y que en el mejor de los casos, no se molestan. La casa funciona como hotel y cuando se superponen hay conflicto. (Por el espacio, por la invasión de personas extrañas, por las diferencias de hábitos, por la sobrecarga económica ..etc.)

En el siglo pasado era común la casa grande y la familia extensa, pero las jerarquías permitían establecer normas y las diferentes funciones terminaban por complementarse. Hoy esto sólo se ve en niveles sociales más humildes donde hay una interdependencia saludable, pero cuando en el nido son todos gallos, no hay gallinas ni pollitos, hay riña.

 

Lo que es interesante destacar es que tanto estos padres como los otros les temen a sus hijos. A diferencia de sus mayores que tenían el afecto de los hijos asegurado. “Ellos saben que todo lo que hago es por su bien”  “Porque te quiero te aporreo” los padres de hoy no podrían asegurar ese afecto de parte de sus vástagos. A partir de su propia experiencia como hijos, saben que el agradecimiento a los padres por haberlos traído al mundo, no existe, en lugar de agradecer a los padres por haberlos traído al mundo, el  joven de hoy le reprocha : “ me tuviste porque quisiste, hacete cargo”

 

Pero veamos qué ocurre con los más jóvenes: Si a esta realidad familiar le agregamos la pérdida de ideales que sobrevino con caída de las utopías, entendemos que ellos tengan una dosis exagerada de escepticismo que los impotentiza antes de comenzar.

Cómo pedirles que se esfuercen si por otro lado les trasmitimos que nada sirve y ninguno es confiable.. Ellos no creen en el resultado de la capacitación, pero sí en la suerte y la audacia. La televisión se convirtió en el medio que hace posible dar el gran salto. El mensaje es simple: no importa la formación, ni el compromiso cotidiano, “Gana el más audaz” . Las acciones tampoco tienen connotaciones morales. Es más conocido quien ganó un concurso de cola less, que quien triunfó en una olimpíada de matemática.

La pérdida de fe en el poder público,  y la despreocupación ante la injusticia llevan a una pérdida de la ambición personal de autosuperación.

La sociedad capitalista pasó a ser más consumista que productiva, y el consumismo se nutre de la insatisfacción eterna, acompañada de su cortejo de miedo, desconcierto, y desesperación.

Insertos en un estado de renovación permanente que no, permite adaptarse, pro otro lado se aburren porque la innovación es sólo superficial, hay reiteración y  estancamiento, en el fondo es todo lo mismo, no hay proyecto de futuro, se vive aquí y ahora.

Los jóvenes para los que la independencia no es un valor porque en la casa de sus padres gozan de todas las comodidades y libertades, optan por disfrutar el momento sin bajar su nivel de vida. De ahí que,  quienes trabajan, prefieren gastar en ropas de marca, salidas, autos, viajes, servicios y no en vivienda. Los que no, continúan con una economía adolescente con tal de no enfrentar un sistema al que temen.

La valoración del presente, y la incertidumbre sobre el futuro han resaltado el valor de lo inmediato ..

La gran cantidad de opciones hace cada vez más difícil elegir y comprometerse. Siempre está la posibilidad de algo mejor. Por eso optar produce angustia ya que implica renunciar a todo lo demás.

 

Hasta acá analizamos las razones por las que padres e hijos quedan cristalizados en una situación que parece eternizarse,, pero se necesita de una excusa compartida para que ambos queden cristalizados en sus roles,  las dos más comunes son : el estudio y la economía

El estudio valorizado por los padres que se educaron en los valores e la Modernidad y aprendieron que es una importante herramienta para afrontar el futuro, no alcanza por sí sola como instrumento para afrontar la realidad, se necesita de capacidad de frustración, adaptabilidad, tenacidad, y una meta clara. El trabajo como complemento es el que da estas otras capacidades, pero muchos padres para no distraer a sus hijos de una formación que pareciera interesarle sólo a ellos, tratan de aligerarles la carga a sus hijos haciéndose cargo de lo económico .

Los hijos concientes de la importancia que ellos  le dan  lo utilizan a veces como clave para continuar su dependencia y no salir al mundo. Un estudio terciario suele ser el pasaporte para seguir usufructuando de privilegios que de otro modo se perderían. 

La segunda excusa es la economía. Padres e hijos responsabilizan a la situación económica del no vaciamiento del nido, cuando en realidad es en los niveles sociales más acomodados que se da este fenómeno. Incluso en España el gobierno da un subsidio a aquellos jóvenes que quieran dejar la casa de sus padres.

 

 Artículo publicado en Revista Noticias

 

3 Comentarios Dejá tu comentario
  1. LUCIA SIERRA
    Dic 2 2016

    DRA. MI ESPOSO TIENE 78 AÑOS, ALZHEIMER, Y UNA HIJA DE SU PRIMER MATRIMONIO,DE 49 AÑOS QUE NUNCA TRABAJO NI ESTUDIÓ. AHORA DICE QUE CUIDA A UN NIÑO. ES MENTIROSA, DICE QUE LE DEJA MENSAJES EN EL CONTESTADOR AL PADRE Y NO EXISTEN, CUANDO LE HABLA LE DICE “NO ES CIERTO QUE YO SOY UNA BUENA HIJA” SI ÉL LA LLEGA A ATENDER LE CORTA,ESTUVO EN MI DPTO Y LE PEDI QUE SE FUERA PORQUE LE DIJO AL PADRE QUE NO TOME LOS REMEDIOS PORQUE MEJORAN PERO NO CURAN (JUSTO CUÁNDO ÉL NO QUERÍA TOMARLOS Y SE ME HACÍA DIFÍCIL MEDICARLO) ESE DIA ME INSULTÓ Y ME GRITÓ A LA SALIDA DEL EDIFICIO DICIÉNDOME DE TODO. AHORA DESPUES DE UNOS MESES VOLVIÓ A FALTARME EL RESPETO POR T.E., ME DIJO “MALA MUJER, QUE ESTABA LOCA…..” Y CUANDO VINO A COBRAR LO QUE MI MARIDO LE DA POR MES DE UN DPTO QUE TIENE EN SUCESION POR LA PRIMERA MUJER ELLA ME INSULTÓ EN LA CALLE.
    QUÉ DEBO HACER, A QUIEN PUEDO RECURRIR, PORQUÉ ME TENGO QUE DEJAR INSULTAR POR UNA MUJER QUE ES VAGA, A QUIEN NO LE INTERESA LA ENFERMEDAD DEL PADRE Y QUE ME INSULTA Y DEGRADA. LE COMENTO QUE ME AGUANTO PORQUE PIENSO EN EL PADRE Y TODO ME DA PENA, PERO MIENTRAS QUE YO HACE 8 MESES CUIDO AL PADRE CON INTERNACION DOMICILIARIA ELLA PROCEDE ASÍ, ANTES MI MARIDO DECÍA QUE MEJOR TENERLA LEJOS, TENÍA RAZÓN.ESTOY DESESPERADA, AYUDEME POR FAVOR!!

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    • Entiendo tu dolor y sensación de injusticia, pero nada se puede hacer para que el otro haga lo correcto, lo único que tenemos para protegernos es trabajar con nuestra cabeza. quizás si le envías el dinero ella no va a tu casa. De todos modos trabaja tus emociones para que lo que ella hace te duela menos.

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  2. May 17 2009

    Totalmente identificada con la primer parte del articulo,costo mucho que dejaran el nido, y aun los sigo ayudando,en pequeñas tareas ya no en lo economico, muchas veces me ha asustado entablar un dialogo con ellos, pero con todo mi amor y muchos años de dolor, de mi parte, las cosas funcionaron, llevo en esta tarea mas de 35 años, muy interesante el articulo.

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