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25 abril, 2012

EL APEGO por Lorena Ruda

La maternidad dispara en nosotras sensaciones y sentimientos que jamás antes habíamos sentido. Durante el embarazo es probable que nos hubiéramos imaginado serenas a partir del nacimiento de nuestro hijo, probablemente nos imagináramos tiernas, llenándolo de besos, durmiendo juntos. Un sinfin de situaciones que probablemente hubiéramos visto en alguna publicidad o película y algunas que imaginábamos porque suponíamos saber cómo nos desenvolveríamos. Pero lo cierto es que cuando finalmente estamos con nuestro bebe en casa no siempre las situaciones son tan ideales y fáciles. Es muy común que nos sorprendamos de nosotras mismas reaccionando de una manera diferente a como la pensábamos antes de ser madres, o que de pronto seamos más estrictas de lo que suponíamos o a la inversa. Situaciones que antes que sucedieran pensábamos: – “cómo voy a saber sobre tal o cual cosa, cómo reaccionare si sucede tal otra, etc”. Pero, ¡de golpe tenemos respuestas! como si durante el parto nos hubieran colocado un chip sobre “como responder ante tal situación”.
Como venimos hablando en artículos anteriores, la llegada de un hijo produce un cambio en nuestra vida, en nuestra pareja, en nuestro cuerpo. Según cómo vivamos este cambio, la relación con nuestro hijo podrá ser de una manera u otra.
Es común que en la primera etapa de “fusión emocional” o “apego” entremos en crisis por las excesivas demandas de todos y que nos sintamos desbordadas. Muchas veces resignar nuestra autonomía es difícil. Permanentemente hay una lucha narcisística entre “yo” y el “resto”, sobre todo con nuestro bebé, que demanda sin parar, suponiendo que una siempre tendrá ganas de estar “ahí”. Pero sucede que a veces una “no está ahí”. Otras puede enojarse con si misma al darse cuenta que ha resignado cosas que antes podía hacer, que todo está cambiando. -“No voy a ir ante el primer llanto, sino después me sale caprichoso”, “¡tiene que poder esperar!”, ”¡ahora estoy comiendo, ya voy!” y diferentes frases que pueden retumbar permanentemente y dejan entrever la incapacidad propia de ceder nuestra autonomía, de resignar, de aceptar que un bebé recién nacido nos necesita todo el tiempo, que no se lo malcría teniéndolo a “upa”. Pero no a todas nos resulta fácil adaptarnos a lo nuevo. Y cada mamá hace lo que puede y como puede. Muchas necesitamos más tiempo. Quizá estas son las dificultades más comunes en esta etapa de apego, que justamente necesita una entrega total. Estar disponibles al máximo, a la “teta a demanda”, al “upa”, a los “mimos”, a los pañales, a las horas de sueño interrumpidas, etc. Paradojicamente cuanto más se entregue en este período de tantas demandas, más se disfrutará también.
Hay otras mamás que no viven esta etapa como “enloquecedora”, que se permiten disfrutar hasta de las noches interrumpidas, que la teta a demanda no genera ningún conflicto y sobrellevan estos cambios con gran naturalidad. Lo más dificil para este tipo de mamás  puede ser el inicio del des-apego.
El desapego, interpretado en este sentido, no implica un desprendimiento total ni abrupto, sino que paulatinamente se van imponiendo momentos de separación. Muchos están pautados por la sociedad o incluso por el pediatra: “A tal edad hay que cambiarlo de cuarto”. Ocurre que muchas mamás podemos sentir culpa por alejarnos un rato, por dedicarnos un rato para sí. Muchas veces suponemos que nuestro bebe puede tener dificultad para ”estar sin nosotras”, cuando en realidad la dificultad es nuestra. Nos cuesta alejarnos suponiendo que si no estamos, nuestro bebé se sentirá mal, nos extrañará; tendrá hambre y no estaremos ahí para calmarlo. Esta situación es independiente de la mamá que trabaja (será abordado ese tema en otro artículo) ya que no hablamos solamente de separación física. La capacidad de apegarnos y desapegarnos tiene que ver más con las diferentes personalidades y con nuestra manera de “hacer vínculos”.
En este tipo de situaciones como en las otras, es muy importante el rol del varón. Al principio posibilitando el apego, fomentándolo, participando del mismo, acompañando a la mamá, ayudándola y sosteniéndola. El apego es fundamental para el bebe para luego lograr una natural independencia. El apego le da seguridad y facilita la construcción de un “yo” independiente de la mamá.
En la segunda etapa, el rol del varón es necesario para ayudar despacito a ir des-apegando. Estando más tiempo con el bebé, favoreciendo los momentos para una misma, para que de a poco nos vayamos sintiendo más mujer y no tan mamá!
La etapa del apego es muy importante y si se da naturalmente es probable que el desapego también sea natural. Muchas veces es notable cómo las mamás nos creemos y hacemos creer lo imprescindibles que somos. Quizá en este caso la “herida narcisista” es corroborada cuando nos vamos y nos damos cuenta  que nuestro bebé ni nos llama.
Muchas veces generamos una “imprescindibilidad” irreal, cuando creemos que el varón no puede satisfacer muchas necesidades del bebé. No siempre querrá teta ante el primer llanto o queja, no siempre deberá ser una la que lo levante y lo arrulle hasta que vuelva a dormirse. 
Es importante que cada mamá pueda identificar qué vinculo construirá o está construyendo con su hijo, o mejor dicho, qué tipo de vínculo suele construir con “los otros” ya que posiblemente se relacione de un modo similar con su bebé.
Si tenemos personalidades más independientes, más estructuradas es probable que la primera etapa nos cueste más y que incluso el apego tenga corta duración o cueste lograrse. En cambio si somos más dependientes, si poseemos mayor facilidad para adaptarnos al cambio es probable que la segunda etapa cueste un poquito más. Ambas etapas son importantes para la vida de nuestro hijo. Lo cierto es que el destete tiene que ocurrir, separación tiene que haber.
Todo esto no significa que: “si fui muy apegada no voy a poder desapegarme”. Quiere decir que debemos darnos cuenta que muchas angustias que creemos le ocurren a nuestro bebé en realidad son las nuestras.
Forzar esta separación no tiene sentido.  Esos momentos solamente van ocurriendo. La mamá empieza a necesitar sus espacios, de sus otros roles, de su cuerpo y de a poco irá marcando sus límites. Lo mejor es que sea natural y que la mamá y el bebé disfruten de lo que están haciendo cuando el otro no está. Y esto sólo ocurre cuando ambos están preparados para que así suceda. Si trabajamos sobre estos puntos, la separación será más fácil. Incluso muchas veces tejemos fantasías en cuanto al destete, al cambio de cuarto, al dormir en otra casa, a la adaptación al jardín o a dejarlo en un cumpleaños.. Pensarlo cuando una no está preparada parece terrible, pero insisto en que si el apego es normal y natural, el des-apego también lo será, y esas situaciones que parecen complicadas en algún momento, terminan generándose naturalmente, dentro de cada díada/tríada de una manera particular en un tiempo particular. 
Hasta la próxima!
 
Lic.Lorena Ruda
lorenaruda.blogspot.com
lorenaruda@hotmail.com
15-3-696-1806

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