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17 marzo, 2014

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Edipo

Complejo de Edipo: Cuando papá es el villano

Todo un clásico del psicoanálisis, este complejo es normal en los niños pero debe ser tenido en observación, para que no se vuelva un problema.
Por: Miryam Bloch – Revista Rumbos

 

Cuenta la mitología griega de Sófocles que el Rey de Tebas, fue advertido por un oráculo de que su propio hijo, Edipo, le daría muerte. Para evitarlo, el rey lo abandonó en una montaña y el niño fue adoptado. De grande, sin saber quién era su padre, lo mató en una pelea y se enamoró de su madre.

Según los psicoanalistas, el de Edipo es un complejo que todos llevamos de forma latente. Se define de esta manera al conflicto que se siente entre el amor al progenitor del sexo opuesto y los celos hacia el mismo género, que aparece como rival en esta relación. Según Freud, el complejo de Edipo se vive durante los tres y los cinco años, se actualiza en la pubertad y es superado, con mayor o menor éxito, en el transcurso de la vida.

Los psicoanalistas sostienen que este complejo desempeña un papel fundamental en la formación de la personalidad y en la futura orientación del deseo sexual.

Según el licenciado Oscar Otaola, este complejo es un conjunto de sentimientos contradictorios de amor – odio, aceptación y rechazo que siente el niño en relación a sus padres. “Cuando hablamos de Edipo positivo la preferencia es hacia el padre del sexo opuesto y la rivalidad hacia el del mismo sexo. En el Edipo negativo es al revés. Lo fundamental de este complejo es que al darse entre figuras amadas e importantes en la vida del niño, generan culpa y temor al castigo, al mismo tiempo que se dan los sentimientos de excesivo apego a uno y violencia hacia el otro”, asegura Otaola.

El caso de Pablito
Los padres de Pablito llegaron muy preocupados porque desde hace un tiempo el niño manifiesta un amor muy fuerte por su mamá y mucho enojo con su padre. Ve a su madre linda, inteligente y no quiere separarse de ella, incluso quiere alejar a sus padres cuando los ve muy juntos.

Entre los tres y cinco años, los pequeños varones atraviesan una fase de romántico-enamoramiento con la madre: la ve linda, buena, quiere ser su novio y se enoja cuando sus progenitores están muy juntos y empiezan a ver a su padre como un rival. Superará esta etapa cuando el niño ya no compita con papá y pase a ser su aliado.

No hay que burlarse del chico, ni de lo que dice o hace, esta etapa es fundamental para su crecimiento, mamá es la primera mujer que conoce y de su relación con ella surgirá su comportamiento con las otras mujeres. En cuanto a su padre, debe ser comprensivo, esta etapa pasará porque el niño ahora lo ve como enemigo y hasta puede tener pesadillas, pero pronto quedará en el olvido si papá se muestra amable y cariñoso con él aunque el niño esté esquivo. Así, poco a poco, superará sus fantasías y a partir de los cinco o seis años tenderá a identificarse con el padre y a hacer las cosas que él hace: al fin y al cabo se volverá su compañero.

El doctor Juan Eduardo Tesone, médico psiquiatra de la Universidad de Paris XII y miembro titular de la Asociación Psicoanalítica Argentina y de la Sociedad Psicoanalítica de París, aclara con respecto a este tema: “De acuerdo a los diferentes momentos, puede generar mayores conflictos con el progenitor rival. Por ejemplo, puede suscitarse una mayor competencia, pero dicha rivalidad, dentro de ciertos márgenes y en el cariño que también existe, es estructurante para el niño/a. Creo que no hay que olvidar que siempre están presentes ambas corrientes afectivas en el niño, la de rivalidad y al mismo tiempo, de amor con ambos progenitores”. Los padres deben mostrarse comprensivos en estas etapas y seguir unidos entre sí. La mejor ayuda es la paciencia y mucho amor.

En la adolescencia hay una reedición del complejo de Edipo pero como lucha de poder. Aquí se arman fuertes conflictos. Uno de los padres es destituido y si el otro, en lugar de apoyar a su pareja, se inclina por el hijo, el joven quedará atrapado en el problema, lo que significará que su salida al mundo peligre. Para que el joven pueda salir bien de esta segunda etapa debe perder dentro del triángulo edípico. Si gana es tragedia, como la de Sófocles.
El doctor Ezequiel Achilli, médico psicoanalista, docente, escritor y miembro adherente de la Asociación Psicoanalítica de Buenos Aires, asegura: “Al complejo de Edipo le sigue un periodo que llamamos latencia, en el que se ‘reprimen’ (se olvidan) esos amores y rivalidades del pasado y se recibe a la adolescencia donde, con el acceso a la genitalidad, se elige a alguien (ahora no prohibido) para satisfacer algunos de los deseos e ideales”.

La doctora Graciela Moreschi publicó en su libro Si el otro cambiara sobre esta etapa: “Hay jóvenes que quedan atrapados y se eternizan en el conflicto, a veces quedando como eternos adolescentes, otros con más vínculo afuera. Ya sea porque tienen problemas para acatar límites con la autoridad o conflictos de rivalidad. Por eso decimos que es necesario entender qué sentimientos se están jugando, tanto de un lado como del otro. Por lo general, envidia, bronca, culpa que a veces se traduce en situaciones de mucha violencia, y que deben ser trabajadas por la propia persona”.
“Traspasé los límites de la histeria y comencé a investigar la vida sexual de los enfermos llamados neurasténicos, que acudían en gran número a mi consulta. Este experimento me costó gran parte de mi clientela; pero me procuró diversas convicciones, que hoy día, cerca de treinta años después, conservan toda su fuerza.” (Freud).

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