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1 marzo, 2008

DECIDIR

Es interesante analizar los procesos mentales que se encuentran detrás de nuestras elecciones. En primer lugar tenemos que considerar que para tomar una decisión debemos hacer una predicción del futuro. En cada caso imaginamos cómo nos hará sentir el resultado de nuestra elección y cuáles serán las consecuencias emocionales de nuestras acciones. Razonablemente, de manera habitual, buscamos la opción que pensamos que nos hará más felices.

Este “pronóstico afectivo” es bueno, en teoría. Habitualmente, la gente sobrestima el impacto de los resultados de la decisión y de los acontecimientos de la vida. Según afirma Daniel Gilbert, psicólogo de la Universidad de Harvard “Las consecuencias de muchos acontecimientos son menos intensas y cortas de lo que la mayoría de la gente imagina”

Un importante factor que nos lleva a hacer malas predicciones es la “aversión a la pérdida”: la creencia de que una pérdida nos hiere más de lo que la correspondiente ganancia nos complacerá.
Sin embargo, Gilbert y sus colegas recientemente demostraron que si bien la aversión a la pérdida afecta las elecciones de las personas cuando pierden, lo encuentran mucho menos doloroso de lo que habían anticipado.

Las emociones son claramente un componente crucial en la neurobiología de la elección, pero si nos permiten o no tomar la decisión correcta es otra cuestión. Si se intenta realizar una decisión bajo la influencia de una emoción, el resultado puede verse seriamente afectado.

Consideremos el enojo. Daniel Fessler, de la Universidad de California en Los Angeles, indujo al enojo a un grupo de sujetos al solicitarles que recordaran una experiencia que los hizo enfurecer. Luego los puso a jugar un juego en el que se les presentaba una elección simple: tomar una ganancia garantizada de 15 dólares o apostar por más con la posibilidad de no ganar nada. Se descubrió que los hombres (no así las mujeres) apostaban cuando estaban enojados.

Todas las emociones afectan nuestro modo de pensar y la motivación, por eso puede ser mejor evitar tomar decisiones importantes cuando se está bajo su influencia. Sin embargo, extrañamente, hay una emoción que parece ayudarnos a hacer elecciones.

LOS QUE DUDAN

Las personas que más agobiadas se sienten ante la posibilidad de decidir son aquellas que ponen el foco en lo que perderán y no en lo obtenido con cada elección.

El indeciso cree que el secreto está en la decisión y no en cómo va seguir el camino elegido. Por mi experiencia he visto que la indecisión suele ser un problema común en los obsesivos: se afanan por elegir lo mejor, sopesan los pros y contras de cada opción y, finalmente, cuanto más piensan en el tema, más se confunden y acaban dudando de todo”.

La equivocación es positiva

“Muchas veces se forma un círculo vicioso: la preocupación nos paraliza y, al no resolver la situación, la preocupación permanece. Otras veces nos concentramos en luchar contra ella y esa misma lucha hace que lo que nos inquieta se acentúe en lugar de reducirse.
Como apuntaba Benjamín Franklin, “la peor decisión es la indecisión”. Quien pretende ver todo con claridad, antes de decidir, nunca decide. La equivocación es parte de la vida y aprovecharla nos hace crecer. Hay una forma de transitar ese camino y es decidirse e ir corrigiendo, poco a poco, lo que no nos gusta. Después de todo quien duda es porque no ve tanta diferencia en los resultados, por lo tanto más que puntualizar en ellos habrá que resolver cómo resolver los obstáculos que sobrevienen luego de la elección. .

CONSEJOS

1. Visualizar el futuro. Para que una situación se dé en la realidad es necesario que primero exista en nuestra mente. Por eso es importante imaginar qué pasaría si tomases una decisión determinada. Para ello ayuda hacer dos listas: una con las ventajas y otra con los inconvenientes. Después, contrástalas, valorando cuáles son nuestras prioridades, nuestros valores y los objetivos que se quieren alcanzar.

2. Atreverse a tomar riesgos. Toma como ejemplo a una persona que conozcas, a la que admires por su capacidad a arriesgarse y que te parezca un modelo de éxito y de voluntad. Y cada vez que debas tomar una decisión, pregúntate a ti mismo qué haría él.

3. Consejos al entorno. Cuando se convive con un indeciso, la última cosa que se debe hacer es darle consejos. Si decides en su lugar, te hará responsable de las consecuencias. Otro error: reprochar su falta de acción, porque esto agravará la imagen negativa que tiene de sí mismo. Facilita el diálogo: ayúdale a expresar lo que le frena y le impide tomar una decisión; haz que se dé cuenta de que lo que va a perder si no se decide. Los indecisos suelen negarse a ver las consecuencias de su indecisión. Insístele en lo que pasará si no actúa

(Datos extraídos de New Scientist por K. Douglas y D. Jones )

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