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1 de febrero de 2007

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¿CONFORMARSE ES MALO?

En los tiempos que corren ser feliz se ha convertido en una cualidad negativa. Se lo asocia al conformismo, y esto no es bueno ya que es sinónimo de mediocridad. Es por esto que muchos se esfuerzan por buscar la quinta pata al gato, o mirar el vaso medio vacío, y así obtener su patente de exigentes, sagaces, o simplemente mejores. Sin embargo no hace falta mucha perspicacia para descubrir errores, lo realmente difícil es aceptarlos y a pesar de ellos disfrutar. Tal vez valga la pena preguntarse si el que se conforma es un ingenuo que cree que todo está bien, o simplemente alguien que sabe ser feliz.
Quien está conforme no cambia, y lo que es peor aún, no gasta. En otros términos, el conforme no le conviene al sistema. En cambio estar disconforme mueve al cambio y por ende al consumo.
¿No será el conforme más inteligente ya que no dejó que el sistema le impusiera sus necesidades? ¿No será más sabio porque sabe de la imposibilidad de alcanzar la perfección , y  no está dispuesto a “gastar pólvora en chimangos”?

Pienso que posiblemente valga la pena replantearnos ciertas creencias, tal vez descubramos que no siempre la disconformidad va de la mano con la excelencia, más bien pasa lo contrario, al pasar de una cosa a otra no se termina de profundizar nada. No nos vaya a pasar como al ratón del cuento.:
“..éste se quejaba por su pequeño destino de ratón siempre temeroso del gato hasta que un día el mago conmovido por su llanto lo transformó en gato. Pero no pasó mucho tiempo hasta que comenzó a quejarse por no ser perro. El mago interpretó que desde su pequeña perspectiva se había equivocado al elegir y le dio otra oportunidad. El nuevo estado tampoco lo conformó, se daba cuenta de que el león superaba a todos los otros animales, por lo que le pidió un nuevo cambio. Una vez más el mago accedió, pero entonces el ratón convertido en león lamentó no ser cazador. A esa altura de los acontecimientos, el mago comprendió que lo que no había podido cambiarle era el corazón de ratón, entonces tomó su varita y lo volvió a su estado original”

Tener un corazón de león significaría poder hacerse cargo de lo bueno y lo malo de cada estado. Ninguno por sí solo es ideal, cada uno encierra su lado oscuro, pero grande es aquel capaz de traspasar lo negativo hasta llegar a lo positivo, el que tiene la fuerza de cargar con el paquete entero. Pretender alcanzar sólo la parte linda es una ingenuidad.

Los filósofos griegos creían que la felicidad era el sentido último de la vida. Por eso cuando estamos frente a alguien que parece conforme con su destino, en lugar de denostarlo sería bueno que tratemos de ver cómo lo hace. Podría ser que la felicidad  no sea más que eso: estar conforme con lo que uno es y hace. Algo muy simple y no por eso fácil.

No olvidemos que sólo a partir de la aceptación podemos hacer cosas, profundizarlas, y también gozarlas. Tememos que la conformidad nos inmovilice, nos aletargue, nos deje estancados en un mismo punto. ¿Quién dijo que detenerse es malo? Dios descansó el séptimo día para poder gozar de su creación. La Biblia aconseja un día de descanso para que nosotros podamos hacer lo mismo. Sólo así uno puede tomar contacto consigo mismo, darse cuenta de quién es y lo que le pasa,  y a partir de ahí producir verdaderos cambios. Es decir cambios que valgan la pena, cambios que realmente transformen, y respeten las necesidades internas. Los otros cambios, los del disconforme, no son más que locas carreras de posta con metas que se desvanecen no bien se las alcanzan.

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