CONFLICTO POR DINERO II

NUEVAS LEYES, NUEVOS CONFLICTOS

Las leyes están se están agiornando a las nuevas prácticas sociales, pero esta actualización trajo a su vez nuevos conflictos.
Antes las parejas con muy diferente posición económica evitaban casarse para que en caso de divorcio el más rico no se despatrimonizarse.
Hoy se puede hacer un contrato prenupcial que proteja los bienes del más rico, pero esto implica un blanqueo de la situación y todavía no es fácil hablar de lo económico.
Todos se manejan en función de la economía, pero no es políticamente correcto hablar de dinero. Por eso muchos no legalizan su situación, o se apuran a comprar casas antes del casamiento para que la propiedad no sea ganancial. La trampa, es que esa propiedad no debe ser vendida para no convertirse en un bien ganancial. En realidad si figurara su origen anterior al casamiento, puede seguir siéndolo. Pero muchas parejas para no tener que pasar por ese momento, preferían no crecer. Poner excusas para no pasar a otra vivienda. Esto, interfiere en la ev0lución de la pareja y sus proyectos de vida.
Hoy, a partir de la nueva ley se ven obligados a hablar de los bienes, tanto el casado como el que sólo convive.
Habrá que avenirse a algunas de las opciones que da la ley. Patrimonios separados, gananciales, cómo desean vivir.
Ya se están viendo los primeros casos de parejas que tienen conflictos por este tema. ¿Amor es sinónimo de falta de cuidado? ¿Está mal hablar de dinero y patrimonio? ¿Plantear estos puntos es desconfiar del otro?
¿Es un planteo egoísta o una protección de la pareja?

Plantear el tema del patrimonio es cuidar la pareja, y también al otro. Cuidarlo de que el patrimonio no se convierta en un obstáculo, cuidar la pareja para que pueda crecer y tener proyectos.
Hablar del dinero no es desconfiar sino aceptar que el vínculo puede no ser eterno. Y no digo el amor, porque a veces el amor continúa y el vínculo no. O al revés, el amor no y del vínculo uno no puede separarse.
De hecho los vínculos evolucionan permanentemente, cambian como cambian las personas que lo conforman. No incluir este cambio es un pasaporte seguro hacia la ruptura. Los que piensan que el vínculo continuará de la misma forma son los que se decepcionan, los que reclaman cada tanto volver a sentir lo mismo que durante el noviazgo. Es imposible, como lo es disfrutar de la calesita siendo adultos porque nos encantaba en la temprana infancia.
Nosotros cambiamos y el vínculo va cambiando. De esa capacidad para adaptarse dependerá su perdurabilidad.
Cambia cuando la pareja se convierte en familia, cuando crecen económicamente, cuando cambian de trabajo, cuando aparece un hobby..
Por eso hay que hablar de todo, en especial de algo tan importante como el patrimonio. Cuando todavía las cosas no se comparten, parece mentira que eso pueda llegar a ser un problema, pero luego lo es. Un problema silencioso del que, hasta ahora, no se hablaba. Pero las nuevas leyes nos obligan a hacerlo.
Además durante todos estos cambios puede surgir el fantasma de la separación, o la separación misma Que se contemple esa eventualidad no significa que la pareja no sea fuerte, significa que aceptamos el devenir de la vida, que podemos comprometernos para hoy, porque nadie sabe dónde y cómo estará mañana. La incertidumbre es una de las seguridades que podemos tener, la otra , la muerte.
Vivimos en un mundo incierto, lo único que podemos afirmar es que nuestra vida terminará. Afortunadamente no sabemos cuándo, pero es importante tenerlo en cuenta para que valoremos y no despilfarremos horas en situaciones banales. También es importante saber que nuestra pareja puede acabar, para que no demos nada por hecho, para que la cuidemos y nos comprometamos sin mentiras, sin trampas.
Hoy son pocos los que se animan a jurar amor eterno, y quienes lo hacen tontos o mentirosos.
¿Por qué entonces no podemos separar lo que es nuestro, lo que fue fruto de nuestro esfuerzo o el de nuestra familia?
Hablarlo no es peor que hacerlo. Es una realidad que surge de darle a lo económico el valor que tiene. No más, tampoco jugar a que no nos importa.
Muchos de los que no pudieron hablar a tiempo el tema económico después, tienen separaciones terriblemente complicadas y sobre todo miserables, donde ponen en medio a sus hijos, tanto para extorsionar o castigar al otro.
CASO CLÍNICO

Andrea y Fabián, una pareja de 26 años que hacía 5 años estaban de novios y no se decidían a cambiar el estatus de la relación. Ella quería irse de su casa paterna, casada, él no se animaba a dar ese paso. Andrea es reflexóloga y él acaba de terminar abogacía. Trabaja para un estudio que le da más experiencia que sueldo.
La situación económica de ambos era y aún es precaria. Sin embargo podían darse ciertos lujos como buenas vacaciones, salidas caras porque vivían cada uno en casa de sus padres. La situación comenzó a resentirse a partir de que desde hacía un año entraron en un duro plan de ahorro que los dejó sin salidas.
Después de tres consultas yo tenía la sensación que había algo que Fabián ocultaba. Decidí darle una entrevista individual a cada uno. Allí él confesó que no lo entusiasmaba el seguir haciendo ese sacrificio porque creía que todavía podía convencer a sus padres de que le compraran el departamento. Los padres consideraban que alquilar era tirar el dinero, pero por otro lado se negaban a comprar algo que el día de mañana tuviera que dividirse. Antes de comprar el departamento le exigían a Fabián que hablara con Andrea (muchacha a la que los padres “adoraban”) y le dijera que el departamento o su valor, en caso de venderlo, le pertenecía a él, para protegerse de cualquier situación futura.
Fabián no estaba dispuesto a tener esa conversación. Sentía que lo indispondría gravemente con ella. No le molestaba que pusieran la casa a su nombre, pero ahora que la idea era casarse, poco se podía justificar esta actitud sin descubrir la desconfianza de sus padres.
Tratamos la diferencia entre desconfianza y protección pero se fue de la sesión sin permitirme sacar el tema delante de Andrea.
Al finalizar la reunión de pareja posterior a esta charla, yo planteé que estábamos en un punto ciego y por el momento yo no tenía elementos para continuar, por lo que les proponía dejar allí y cuando apareciera alguna otra cosa, o estuvieran en condiciones de ampliar los temas, volvieran.
Por cierto que esto cayó como una bomba en Andrea que comenzó a preguntarse qué le estaba escondiendo su novio. Luego una semana muy difícil y con varias discusiones, Fabián me habló para concertar una nueva sesión de pareja donde hablaría del tema.

Tal como él había supuesto Andrea se ofendió con los padres por su desconfianza, y con él por no haberla defendido.
Esto dio pie a analizar lo que esa prevención significaba. Aclarar con ella la diferencia entre desconfianza y protección. Una protección que también la incluía. Aclarar legalmente este punto les permitiría crecer y proyectarse sin temores ni prejuicios de ninguno de los dos lados.
Fueron sesiones muy intensas donde se planteó el tema de la AUTORIDAD. Yo estoy mal porque mis padres me obligan a… y no yo estoy mal porque no me animo a hablar de un tema que nos afecta.
En el caso de Andrea: Yo estoy mal porque ellos después de 5 años, pueden creer que soy capaz de aprovecharme. En lugar de decir: Estoy mal porque soy suceptible a esto que me proponen, porque me duele tanto que ni siquiera puedo hablar del tema. Mi reacción impide a Fabián hablar con sinceridad.
También vimos el tema LIMITES. Cómo estos son vistos como una agresión y no como protección. Tratamos el tema si los padres tenían derecho a hacer estos planteos sobre la pareja, y vimos como los padres planteaban las condiciones de dar su dinero, y esto pro cierto lo tenían.
Fue y seguía siendo un problema de la pareja el cómo aceptaran o decodificaran esta regla.
También vimos con esta pareja la COMUNICACIÓN.
Se planteó cómo el enojo de Andrea inhibía a Fabián y a su vez cómo él decidía ocultar para no tener problemas.

Luego de 8 sesiones la pareja aprendió a lidiar con estos nuevos recursos y decidieron casarse.