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6 septiembre, 2011

CON EL BEBE EN CASA lic. Lorena Ruda

Nació nuestro hijo. Llegamos a casa y ya no están las nurses que vienen a cada rato a decirnos cómo darle la teta, o por qué llora mi hijo o cómo limpiarle el ombligo. Nos fuimos dos, volvimos tres. Nuestra pareja super servicial y atenta nos mira emocionado. El bebe llora….ay, ¿que tendrá? .¿Hambre?. ¿Sueño?. ¿Gases?. “Mas que eso no le puede pasar”, pensamos. Van pasando los días y empezamos a entenderlo, casi siempre. ¿Qué pasa cuando hagamos lo que hagamos el bebé sigue llorando?. Aparece, en el mejor de los casos, la pregunta: ¿qué estoy haciendo mal?. Ojalá aparezca esta pregunta…. No desde la culpa y el autorreproche sino desde la reflexión. Muchas veces ante la desesperación de no saber, una no puede tranquilizarse y preguntarse: “¿cómo me siento yo?”.

Cómo nos sentimos es decisivo para la relación que empezamos a construir. El bebe recibe todo y si nos sentimos nerviosas y desbordadas ante su llanto, será difícil calmarlo. Probablemente si estamos tranquilas y lo observamos, rápidamente vamos a aprender a entenderlo. Pero lo cierto es que muchas veces nos sentimos ansiosas, angustiadas, con miedos, un poco cansadas, presionadas….

Siguen pasando los días, el bebe esta mas organizado pero pide teta, mimos, teta, atención, teta, baño, teta, upa, etc…. Nuestra pareja volvió a trabajar y ya no está taaan servicial como la primera semana. Él también esta cansado. Trabajó todo el día. Nosotras también. Nos despertamos varias veces a la noche, damos la teta seguro cada tres horas y ¡a veces cada menos…! Tenemos que cuidar la pareja, responder a nuestro hijo y a todas las demás demandas.

¿Es posible responder a todo? “Algo tengo que dejar de lado…. Yooo? porque yo quedo de lado? No puedo bañarme cuando quiero, no puedo dormir cuando quiero, no puedo estar con mi pareja cuando quiero, no puedo elegir cuando comer… Nuestra pareja siente que, de alguna manera, él también es dejado de lado.

Podemos pensar que si las cosas siguen este curso, esta forma de vivir la situación, aparecerán los problemas, las angustias, las peleas. Difícil será la comunicación con nuestro bebe ya que entraran en conflicto nuestros deseos con los de él, y también con los de nuestra pareja. Ambos merecemos un rato para uno mismo y ese rato es cada vez menos frecuente y más breve.

Tener un hijo implica estar dispuestas, por lo menos por un tiempo, a perder autonomía, independencia. Nuestro hijo depende ciento por ciento de nosotras. No es “El versus yo”. No es una lucha. Es un bebe que necesita a su mama, su olor, su calor, sus mimos. Para nuestro hijo el tiempo no existe, es siempre ya. Si sentimos que nuestros deseos están amenazados por la llegada de nuestro hijo, si sentimos que ceder nuestro tiempo o responder a lo que él pide pone en riesgo nuestra autonomía, se declara una guerra, parece que hay lugar sólo para un deseo sin poder hacer convivir a los dos al mismo tiempo. Corremos el riesgo de que esta manera de vinculación se instale como modo de relación.

Esta situación es bastante habitual, y probablemente si revisamos nuestra historia podemos descubrir que con nuestro hijo se ponen en juego cuestiones que, en realidad, preexisten a su llegada. Probablemente, si soy una persona a la que le cuesta convivir con los deseos del otro, esta dificultad también se manifieste con un hijo, independientemente que lo ame, que haya sido deseado y buscado.

La maternidad genera muchos sentimientos encontrados y ser concientes de estos nos ayudara a vincularnos ‘mejor’ con nuestros hijos, y con los demás!

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