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7 diciembre, 2015

¿Casualidad o Destino?

¿Estás con tu pareja porque el destino así lo quiso, o es una simple casualidad?

Quizás te parezca la misma cosa, sin embargo, el azar es aleatorio, mientras que el destino tiene un sentido. Si estuvieras con el otro por casualidad ante el menor problema podrías descartarlo así como él a ti. Todos nos convertiríamos en figuritas intercambiables con lo angustiante que esto puede resultar. No sólo por no ser significativo para alguien sino también por la incertidumbre que conlleva.
El que haya un destino no implica que no haya libre albedrío. A éste lo practicamos cada vez que elegimos, y también cuando no lo hacemos activamente, que es otra forma de elegir. Al destino lo reconocemos en aquello que nos ha sido dado tal como: Lugar de nacimiento, raza, predisposiciones hereditarias, familia, cultura a la que pertenecemos, y también otras situaciones que nos llegan en el transcurso de la vida y que solemos interpretar como azar.

Quiero aclararte que pensar en que hay un destino detrás de lo que nos sucede no implica que todo lo que te ocurre sea maravilloso, obviamente no lo es. Lo que sí conlleva es que eso que te está pasando, tiene un mensaje, algo que debes aprender en tu vida. De ahí que lo más importante sea aprender a interrogar al destino ¿Por qué me está ocurriendo esto? ¿Qué debo aprender? ¿Qué cosas mías se están poniendo en juego en esta situación? ¿Soy víctima o cómplice involuntaria?
Decir que el otro es parte de nuestro destino, no implica que debas continuar con esa pareja hasta el final de tus días, o que si lo pierdes no habrá otro que lo iguale, tampoco sugiere que cuando lo veas por primera vez aparecerá con una aureola dorada que te indicará que es la persona de tu vida. Se trata de que ese Otro, portador de un significado, llegó a tu vida para enseñarte algo, así como tú se lo enseñas a él.
Nuestra familia de origen, maestros, vecinos nos devuelve una imagen y vamos armando una personalidad acorde a esto y a tejer un relato sobre nosotros mismos a eso lo llamamos mito de apariencia, ya que es como nos ven los otros y la que construimos con lo que nos devuelven. Luego buscamos compañeros de ruta que nos ayuden a concretar ese mito de apariencia y así parecernos lo más posible a lo que pensamos de nosotros y a la vez hacemos lo mismo con nuestros compañeros de camino.
Cuando hacemos cambio y ya no encajamos en el mito del otro, o el otro en el nuestro, aparecen los problemas. No es fácil ir cambiando juntos, claro que si llegáramos a comprender que es sólo eso, un mito de apariencia, pero en realidad somos más que eso, y vamos integrando nuestras partes más ocultas, entonces evolucionamos de una manera más completa y madura.
A eso Jung lo llamaba integrar la sombra. Por lo general esta sombra está depositada en el otro. Él es quien actúa aquello que nosotros no nos atrevemos o no nos gusta, es también quien nos da oportunidad para que nosotros seamos como creemos ser: Justos, trabajadores, responsables o todo lo contrario.
Ten presente que el otro no apareció en tu vida de manera casual, aunque eso no signifique que sea la única persona que vayas a tener, o que no puedes alejarte de ella si las cosas van mal. Lo que sí quiere decir, es que si no resuelves el problema, probablemente lo repitas con otra persona porque lo que estás haciendo es interpretar el mito que te has creado sobre ti mismo. Y si decides trabajar sobre ti mismo, puedes ir liberando a tu compañero de ruta de su carga y a su vez devolviéndole a él la que llevas tú.

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