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14 marzo, 2016

Adiós a nuestras protecciones corporales

Las emociones se encarnan en el cuerpo, órganos y sobre todo aparato muscular, cuando no hay una buena canalización de las mismas: broncas, resentimientos, culpa, tristeza,… se transforman en verdaderas corazas, no sólo a nivel psicológico sino también corporal. Por eso me interesa recomendar este método que trabaja no sólo nuestro cuerpo sino también nuestra psique comenzando desde afuera.

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Entrevista a la creadora del Método de Liberación de Corazas

¡Adiós a nuestras protecciones corporales!

Por Andrea Botto, terapeuta del Método de Liberación de Corazas, formada por Marie Lise Labonte. Miembro de la Asociación de terapeutas del MLC de Quebec, Canadá. Enseña el MLC en Argentina, Uruguay y Canadá. www.mlcargentina.com.ar;  www.bottoandrea.tumblr.com

Malestares, contracturas musculares, dolores de cintura, cansancio, falta de energía. ¿Quién de nosotros no ha sido victima de estos malestares? Seguramente una y otra vez. Como nos acostumbramos a nuestras rutinas, también nos habituamos a estos dolores incorporándolos a nuestra cotidianidad.

Estos síntomas o tensiones nos hablan de protecciones corporales, la mayoría de ellas inconscientes, que en algún momento de nuestra vida tuvimos necesidad de ponerlas, pero que nos olvidamos de quitar cuando ya no nos son de utilidad.

Con el tiempo, esas protecciones se transforman en armaduras o corazas que limitan nuestro potencial de vida. La buena noticia es que es posible recuperar nuestro bienestar físico y emocional si nos liberamos de ellas.

Anatomía de las corazas

Cuando nuestro cerebro primitivo percibe una agresión o una sensación de ataque, nuestro cuerpo se cierra instintivamente. Esta reacción autónoma es por partes. Primero, se cierran las articulaciones de la cadera y de los hombros, con el objetivo de proteger la vida y sus órganos internos, por ejemplo tórax, pulmones, diafragmas. Luego, este reflejo de supervivencia se acompaña de una descarga de adrenalina en nuestro cuerpo (cerebro límbico) que prepara nuestros miembros superiores (brazos) e inferiores (piernas) para el ataque o huida. Así funciona el instinto de protección frente a la percepción de una amenaza o de un peligro.

Numerosas investigaciones confirman que este reflejo se instala en nosotros desde la vida intrauterina. Como organismo vivo, el feto reacciona a la vida de su madre (dudas, tensión, miedo) durante el embarazo. Si la madre esta en protección, el feto aprenderá rápidamente lo que significa protegerse. Asimismo, las dificultades experimentadas por el bebé al momento de nacer (paso por el canal uterino, dificultad de salir) contribuyen a la instalación de sus propias protecciones.

En la adolescencia y en la vida adulta nos protegemos de nosotros mismos. Una parte de nosotros quiere decirnos algo y otra parte le dice NO. Muchas veces nos “comemos” nuestras emociones (bloqueando el diafragma cada vez que sube una emoción que es percibida como amenazante), nos separamos de nuestros instintos, de la necesidad de expresar alegría.
Es decir, nuestras protecciones comienzan con la vida intrauterina y continúan hasta el presente.

Es importante comprender que si nos protegimos, es porque nuestro cuerpo sintió la necesidad de hacerlo. Por ello, no debemos juzgarnos por tener protecciones. Ellas se establecieron porque frente a una situación “x” nuestro cerebro primitivo/límbico percibió que había peligro.

Este reflejo nos prepara para atacar o huir, pero puede ser que por diferentes razones nos paralicemos frente al peligro (como un animal domesticado) y que nos expongamos al mismo. En esta situación, la adrenalina descargada queda bloqueada en nuestro cuerpo produciendo un estado de intoxicación : las hormonas de las emociones -miedo, cólera, tristeza, culpa, alegría- quedan prisioneras en el cuerpo -músculos, células, venas, arterias, órganos, huesos-.

¿Por qué las protecciones se pueden volver peligrosas?

Las protecciones nos sirvieron en el pasado; tuvimos una razón para ponérnoslas (peligro o amenaza). Aunque el peligro que las generó no exista ahora, hemos olvidado sacarlas, y estas protecciones, que ya no tienen razón de ser, se transforman en corazas que nos hacen daño.

Existen varios niveles de protecciones que se retroalimentan:

Protecciones mentales: Son conclusiones basada en nuestra experiencia de vida y que tienen carga emocional. Por ejemplo, si yo creo que la “vida es difícil” esta creencia puede funcionar como una protección e impedirme sentir un dolor o herida más profunda. También, puede impedirme contactar la alegría.

Protecciones emocionales. Son emociones que me resguardan de sentir otras emociones percibidas como amenazantes. Por ejemplo, si alguna situación me genera cólera; pero como soy mujer tengo la creencia que esta mal expresar la cólera, en vez de sentirla, me pondré triste. Y, la cólera no expresada quedará almacenada en mi cuerpo.

Es decir, tenemos protecciones mentales y emocionales. Por último está el cuerpo, que cuando ya no puede acoger mas protecciones, reacciona por medio de malestares, tensiones, contracturas, dolores de cabeza, de vientre, y en algunos casos hasta enfermedades. Así, si las corazas no se liberan, con el tiempo, terminan aprisionando la libre circulación de la energía en el cuerpo y facilitando el divorcio con nuestras profundidades.

¿Cómo reconocer y liberar nuestras protecciones?

El psicoanalista Wilhelm Reich fue el primero en hablar de “corazas”. Reich descubrió que sus pacientes llevaban inscripto en su cuerpo, en forma de anillos, la vida inhibida, es decir, lo no vivido (emociones, pensamientos).

Posteriormente, Marie Lise Labonte, creadora del Método de Liberación de las Corazas (MLC), desarrolló una nueva visión de las corazas. Según ella, las corazas son como capas de una cebolla que recubren el “corazón del cuerpo”, es decir, el lugar donde reposa nuestra esencia, nuestro SER. Labonte identifica dos grandes grupos de corazas: las fundamentales y las de identificación. Ambas taxonomías se complementan permitiendo una mejor comprensión del mecanismo de corazas.

¿Cómo reconocemos nuestras protecciones? Si uno tiene mal en alguna parte es porque se ha instalado una protección y el cuerpo nos dice que no puede más. Frente a su identificación, es importante preguntarse si todavía tenemos necesidad de ellas, y si no, qué es lo que hace que aún las llevemos en nuestro cuerpo.

Y, entonces, ¿cómo liberamos nuestras corazas? Nuestro cuerpo es el lugar privilegiado para hablarnos; el cuerpo nunca miente. Por eso, el primer paso es escucharlo, comprender lo que el dolor de cabeza o el malestar quiere decirnos. A través de la practica del MLC aprendemos a escuchar nuestro cuerpo y a nuestro ritmo, desarmar y liberar las tensiones aprisionadas en nuestros músculos. Este Método guía la liberación de las protecciones en los tres niveles, partiendo de lo corporal, pasando por lo emocional, para llegar a lo psíquico.

La liberación de las protecciones permite recuperar el bienestar físico/emocional/psíquico. El MLC propone un proceso global y seguro que respeta el ritmo de cada persona y la ecología de las corazas. El Método se practica por ciclos de 10 o 12 semanas, en grupo o individual, o talleres de fin de semana. El MLC© se practica en Canadá y Europa y, desde hace unos años, también en Argentina, Uruguay y Brasil.

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