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1 mayo, 2008

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ABUSO SEXUAL

Un 23% de niñas y un 15% de niños sufre abusos sexuales en España antes de los 17 años. Los abusos sexuales a menores son, por tanto, mucho más frecuentes de lo que generalmente se piensa, aunque hay que precisar que en estos porcentajes se incluyen desde conductas sexuales sin contacto físico, como el exhibicionismo, hasta conductas más íntimas, como el coito anal o vaginal. Las niñas sufren de una y media a tres veces más abusos sexuales que los niños. Se dan en todas las edades, pero más frecuentemente entre los 10 y los 13 años. En el 46% de los casos, se repiten más de una vez sobre la misma víctima.

Los abusos tienen efectos diferentes para niños y niñas. Los niños varones que han sido agredidos es más probable que abusen de otros menores y suelen mostrarse agresivos, mientras que las niñas suelen sentir depresión y ansiedad. No todas las víctimas necesitan tratamiento tras la agresión, pero todas precisan ayuda. Una ayuda que el 60% no recibe.

Pese a la elevada incidencia de los abusos sexuales a menores, no hay pruebas de que en la actualidad se registren más casos que hace 40 ó 50 años. Hoy por hoy se estima que un 23% de las niñas y un 15% de los niños sufre abusos sexuales antes de los 17 años en España. Los abusos sexuales a menores son, por tanto, más frecuentes de lo que generalmente se piensa, aunque cabe precisar que en estos porcentajes se incluyen desde conductas sexuales sin contacto físico, como el exhibicionismo, hasta conductas más íntimas, como el coito anal o vaginal. En uno de cada cuatro casos de abusos sexuales infantiles, se trata de conductas muy íntimas y exigentes, como el coito vaginal o anal, el sexo oral y la masturbación 3 .

A nivel internacional se barajan unos porcentajes similares. En un balance de las 19 investigaciones mejor planteadas en Estados Unidos, Canadá e Inglaterra, se estableció que aproximadamente un 20% de mujeres y un 10% de hombres reconocen haber sido víctimas de abusos sexuales en la infancia 4, 5 .

En cuanto a los gresores, la mayoría son varones que, casi en la mitad de los casos, realizan su primer comportamiento de abuso antes de cumplir 16 años. De hecho, los abusos cometidos por adolescentes y jóvenes está creciendo debido a factores como el abuso de alcohol. Los agresores suelen, además, ser reincidentes y remisos al tratamiento. En la mitad de los casos no conocen a las víctimas. En la otra mitad, se trata de familiares o conocidos de los niños o niñas. La mayoría no son pedófilos.

¿Cómo afrontar un caso de abuso? Los expertos recomiendan creer al niño, porque no mienten prácticamente nunca, y, en cualquier caso, dejarles claro que ellos no son culpables de lo sucedido. Además, hay que denunciar los hechos. Puede parecer una obviedad, pero no lo es. Muchos casos de abuso se silencian, pese a que la denuncia es una obligación social y legal, además de ser una de las escasas vías existentes para garantizar que los agresores reciban tratamiento.

Los expertos apuestan por la realización de programas de prevención en los centros educativos, enmarcados en programas más amplios de educación para la salud, que permitan que los niños y niñas aprendan a identificar los abusos y a no guardar el secreto, si les sucede. Además, subrayan la necesidad de considerar a los niños no sólo como víctimas, sino también como agresores potenciales, y de que las instituciones relacionadas con el abuso sexual (comisarías, hospitales, escuelas, servicios sociales y centros de salud mental ) coordinen sus esfuerzos.

CUANDO DECIMOS QUE ES ABUSO SEXUAL

Una de las definiciones más completas del abuso sexual infantil es la elaborada por el National Center of Child Abuse and Neglect (NCCAN). Según esta agencia federal norteamericana, comprende “los contactos e interacciones entre un niño y un adulto, cuando el adulto (agresor) usa al niño para estimularse sexualmente él mismo, al niño o a otra persona. El abuso sexual también puede ser cometido por una persona menor de 18 años, cuando ésta es significativamente mayor que el niño (la víctima) o cuando (el agresor) está en una posición de poder o control sobre otro menor” 1 .

Los abusos sexuales se definen a partir de dos grandes conceptos: el de coerción y el de la diferencia de edad entre agresor y víctima. “La coerción (con fuerza física, presión o engaño) debe ser considerada por sí misma criterio suficiente para que una conducta sea etiquetada de abuso sexual del menor, independientemente de la edad del agresor”, según Félix López, catedrático de Sexología y uno de los mayores expertos del país sobre la materia 2 .

La diferencia de edad impide la verdadera libertad de decisión y hace imposible una actividad sexual común, ya que los participantes tienen experiencias, grado de madurez biológica y expectativas muy diferentes. “Esta asimetría supone en sí misma”, explica el profesor López, “un poder que vicia toda posibilidad de relación igualitaria” 2 .

A continuación se detallan las conductas y prácticas que pueden incluirse en la categoría del abuso sexual.

El abuso sexual comprende un amplio abanico de conductas físicas:

  • Violación (penetración en la vagina, ano o boca con cualquier objeto sin el consentimiento de la persona).
  • Penetración digital (inserción de un dedo en la vagina o en el ano).
  • Exposición (mostrar los órganos sexuales de una manera inapropiada, como en el exhibicionismo).
  • Coito vaginal o anal.
  • Penetración anal o vaginal con un objeto.
  • Caricias (tocar o acariciar los genitales de otro, incluyendo forzar a masturbar para cualquier contacto sexual, menos la penetración).
  • Contacto genital oral.
  • Obligar al niño a que se involucre en contactos sexuales con los animales.


EXPLOTACIÓN SEXUAL

Además de las conductas físicas, los abusos comprenden la explotación sexual. Es decir :

  • Implicar a menores de edad en conductas o actividades que tengan que ver con la producción de pornografía.
  • Promover la prostitución infantil.
  • Obligar a los niños a ver actividades sexuales de otras personas.
  • También se consideran abusos conductas sexuales sin contacto físico como las peticiones sexuales y el voyeurismo

CREENCIAS SOBRE EL ABUSO SEXUAL INFANTIL

El abuso sexual infantil sigue siendo un tema tabú en torno al que existen numerosas falsas creencias que contribuyen a ocultar el problema y tranquilizar a quienes no desean afrontarlo. Todas estas creencias erróneas deben ser superadas si se pretende abordar de forma adecuada este tema.

En el cuadro que figura a continuación se enuncian algunas de estas falsas creencias y, junto a ellas, la realidad sobre estas prácticas, en la que se profundiza en este informe.

FALSO VERDADERO
Los abusos sexuales son infrecuentes. En torno a un 23% de niñas y un 15% de niños son víctimas de abusos.
Se dan en niñas, pero no en niños. Afectan más a las niñas, pero los niños también los sufren.
Hoy se dan más abusos que antes. Han existido en todas las épocas. Hoy sí existe una mayor conciencia y sensibilización al respecto.
Los agresores son normalmente enfermos psiquiátricos o viejos verdes. La mayoría de los abusos los cometen sujetos aparentemente normales, aunque no poseen valores sociales o no saben controlar sus impulsos.
Sólo ocurren en ambientes especiales (pobreza, baja cultura) y situaciones especiales (callejones oscuros y durante la noche). Están presentes en todas las clases sociales y ambientes, aunque sí son más probables en situaciones de hacinamiento o si existe un clima de violencia familiar. Pueden ocurrir en cualquier lugar y momento.
Los niños no dicen la verdad cuando cuentan que han sufrido abuso sexual. Los niños casi nunca mienten cuando dicen haber sufrido abusos.
Las víctimas son normalmente chicas jóvenes que visten seductoramente o niñas que se lo buscan. El abuso sexual puede ocurrirle a cualquiera, independientemente de la edad, sexo o forma de vestir.
Si los abusos ocurrieran en nuestro entorno, nos enteraríamos. Muchas veces, las personas que sufren abusos tienden a ocultarlo por vergüenza o miedo.
Los abusos sexuales van casi siempre asociados a la violencia física. El agresor no emplea siempre la violencia. En muchos casos utiliza la persuasión o el engaño.
Si la madre de un niño se entera de que éste es objeto de abusos sexuales, no lo permitirá y lo denunciará. No es infrecuente que las madres reaccionen ocultando los hechos, sobre todo si el agresor es un familiar.
Los menores pueden evitarlo. Esto es verdad en algunos casos, pero en otros muchos les coge por sorpresa, no saben lo que está pasando, les engañan o les amenazan.
Los efectos son casi siempre muy graves. No siempre es así.

Verdad

.Casi el 15% es menor de 5 años. El 60% tiene entre 10 y 18

.Estos niños tienen más riesgo, pero la mayoría presenta una inteligencia normal

.Pueden ser de cualquier clase, raza o religión

.La mayoría de los abusadores son conocidos por los chicos, muchos de ellos, parientes

.El 80% de los abusadores son hombres heterosexuales

. Edad promedio del abusador: 30 años. El abuso puede suceder en la propia casa del niño

. El que abusa suele utilizar más la seducción que la fuerza

Mito

.Las víctimas de abuso sexual suelen ser preadolescentes

.Sólo los niños con problemas (un poco lentos o muy ingenuos) son víctimas de abuso sexual

. La mayoría de las víctimas es de clase baja

. Los niños pequeños corren más riesgo de ser abusados por un extraño

. La mayoría de los abusadores son homosexuales

. El típico abusador es un hombre viejo, sucio, que engaña al niño en una plaza

. El abuso sexual de niños siempre es un acto violento

.El poder de los sobornos

Las víctimas de abuso pueden ser varones o mujeres de distintas edades y clases sociales, aunque, según afirma Diner, es mayor el porcentaje de varones maltratados físicamente y de niñas abusadas sexualmente. En cualquier caso, las cuestiones por combatir son los engaños y sobornos por parte de abusadores, y su contrapartida: la culpa y el miedo en los niños.

“El abusador, en general, intenta sobornar. El soborno es aquello que se ofrece a cambio de algo que no se debe hacer. Puede ser de índole material (un caramelo, un juguete), o inmaterial (promesa de algún premio o favor)”, explica la psicóloga, autora de “Abuso infantil: manual de prevención y detección” (Cepia, 1999).

Por el contrario, “los niños deben aprender a no aceptar obsequios o propuestas de desconocidos, aunque parezcan placenteros; tampoco deben aceptarlo de gente conocida (pueden ser hasta sus propios padres, por eso es básico que toda la comundidad se comprometa en prevención) cuando sientan que algo está mal o los confunde”.

Por otra parte, que el niño entienda que si no puede protegerse de un peligro o es amenazado, eso no ocurre por su culpa, lo ayudará a defenderse y pedir auxilio.

“Caso contrario, si la agresión ocurre, puede ser vivida como un castigo merecido, y por lo tanto aceptado. Es, por ejemplo, el caso de una niña que trabaja para un patrón abusador, creyendo que -además de recibir un sueldo para ayudar a que su familia subsista-, tiene la obligación de permitir que la maltraten”, dice Diner. SIGNOS PARA PRESTAR ATENCIÓN .

“En países desarrollados, como los Estados Unidos, el tema se habla en los colegios y el Estado interviene en los planes preventivos -afirma la especialista, que es docente responsable del curso para graduados “Abuso infantil y prevención”, en la UBA-. En nuestro país, es necesario crear centros de información y atención psicológica, médica y legal que lleguen a todos, centros de capacitación para docentes, campañas masivas, programas para padres sobre el cuidado de la salud de sus hijos, etc.”

Sin embargo, los adultos deben saber reconocer algunos signos de alarma: si un chico está siendo sometido a abuso, puede presentar cambios en la conducta (inhibición, agresividad), trastornos del sueño y la alimentación, migraña, enuresis, problemas de aprendizaje y cambios en la sexualidad: extrema inhibición (rechazo a cualquier contacto habitual) o erotización prematura. A esto se agregan indicios más obvios: golpes, lastimaduras, u otras lesiones físicas.

En esos casos, conviene consultar de inmediato para obtener un diagnóstico diferencial. “Pero siempre hay que tener en cuenta que la prevención primaria no sólo genera menos costos para el sistema , sino -básicamente-, evita el sufrimiento humano”.

SIGNOS DE ABUSO EN UN NIÑO

  • Terror a algunas personas o a algunos lugares.
  • Retirarse, tener fantasías o comportamiento como si fuera bebé, no querer participar en deportes.
  • Respuestas ilógicas del niño si se le pregunta acerca de alguna herida en sus genitales.
  • Decir haber sido víctima de ataque sexual.
  • Ostentar frecuentemente actividades sexuales sugestivas o promiscuas.
  • Temor irracional ante un examen físico.
  • Dibujos tétricos o con exceso de rojo y negro.
  • Cambios súbitos de conducta de cualquier clase.
  • Cometer actos de delincuencia o escape.
  • Conciencia repentina de sus genitales, o palabras o actos sexuales.
  • Tratar de que otros niños lleven a cabo actos sexuales.

CÓMO PREVENIR UN ABUSO

Revisar que la escuela del niño cuente con programas de prevención de abuso sexual infantil para maestros y alumnos. Si no lo tiene, comience uno.

Hable con su hijo acerca del abuso sexual. El mejor momento de hacerlo es ahora.

Enséñele a su niño la privacidad de las partes del cuerpo.

Escuche a su hijo cuando trate de decirle algo, especialmente cuando parece difícil para él hablar de ello.

Déle a su hijo suficiente de su tiempo, para que no busque atención especial entre otros adultos.

Infórmese de con quienes pasa tiempo su hijo. No permita que su hijo esté “perdiendo el tiempo” con otros adultos u otros niños.

Informe a alguna autoridad si sospecha que su niño o algún otro menor está siendo víctima de abuso

FACTORES DE RIESGO:

Situaciones familiares como

  • Ausencia de los padres biológicos.
  • Incapacidad o enfermedad de la madre.
  • Los conflictos entre los padres (indiferencia, enfados, peleas, separaciones y divorcios).
  • Las relaciones pobres, escasas o deficitarias por algún motivo con los padres.
  • El hecho de tener padrastro.

Un dato más: en un 46 por ciento de los casos, los abusos se repiten más de una vez sobre la misma víctima.

¿CÓMO REACCIONAN LAS VÍCTIMAS?

Las víctimas reaccionan de formas diferentes 2 :

Hay niños que se resisten continuamente (35,71%).

Otros que inicialmente no reaccionan y luego se resisten (33%).

Hay quien muestra resistencia sólo al principio (4,17%).

También los hay que reaccionan con pasividad (15,77%).

O incluso colaborando desde el principio (10,12%).

Las conductas de resistencia desde el principio se dan más entre los adolescentes y también las de colaboración 2 .

Un 30% de las víctimas no se lo cuenta absolutamente a nadie porque teme la reacción de los demás ante la revelación, por sentimientos de culpabilidad o por vergüenza. Amaia del Campo, investigadora de la Universidad de Salamanca, recuerda, en este sentido, el caso de las alumnas de un colegio que estaban atemorizadas por un exhibicionista: “Estaban muy asustadas. Intentaban ir en grupos para que no les sorprendiera solas… Les dije que tenían que contárselo a sus profesores o a sus padres y una me contestó que a su padre no se lo decía porque estaba segura de que le regañaría por quedarse mirando” 3 .

Uno de cada dos menores que han sufrido el abuso sexual elige como confidente a un amigo y uno de cada cinco a la madre (las madres no están casi nunca involucradas en los abusos sexuales de sus hijos). Un 22% se lo cuenta a otro familiar. Sólo un 0,42% de las víctimas le cuenta su experiencia a profesionales (psicólogos, educadores,…). Ninguno recurre a la policía, jueces o abogados 3 .

EFECTOS DIFERENTES EN NIÑOS Y EN NIÑAS

La ONG Rädda Barnen (Save the Children Suecia) creó en 1990 una clínica en Estocolmo para atender, fundamentalmente, a niños varones víctimas de abusos y agresores, también varones, menores de edad 4 . Rädda Barnen considera fundamental priorizar la atención a los niños por un motivo básico: a diferencia de las niñas, los niños que han sufrido abusos sexuales tienden, a su vez, a abusar de otros menores. Anders Nyman y Börje Svenson, de la Boys Clinic (Clínica de Niños) de Rädda Barnen, subrayan que, según los expertos, “uno de cada cinco varones que han sufrido abusos sexuales agreden a otros /…/ El abuso sexual es el cuarto síntoma más común en los niños varones que han sufrido estas prácticas” 7 .

La Organización Mundial de la Salud (OMS) baraja la misma hipótesis: “Los niños que son víctimas de violencia o abusos sexuales corren un alto riesgo de convertirse en agresores, utilizar formas de abusos similares contra niños más jóvenes”. “Años más tarde”, concluye la OMS, pueden incluso “utilizar la violencia física contra los niños que están bajo su cuidado o contra sus propios hijos” 8 .

La psicóloga Blanca Vázquez señala, por su parte, que “las niñas tienden a presentar más reacciones ansioso-depresivas y en los niños tiende a objetivarse un fracaso escolar mayor y dificultades inespecíficas de socialización” 9 .

EFECTOS INICIALES: DESCONFIANZA Y VERGÜENZA

Son los que aparecen durante los dos años siguientes a la agresión. A partir de ese momento se habla de efectos a largo plazo. Entre el 60% y el 80% de las niñas víctimas de abusos sexuales se ven afectadas, en diferente grado, por la agresión. La edad en que más sufren las consecuencias se sitúa entre los 7 y los 13 años. Sólo entre un 20% y un 30% permanecen estables emocionalmente después de la agresión 1 , 4 .

Entre otros, los abusos sexuales pueden generar los siguientes efectos 1 , 4 :

Hacia el agresor y/o familiares: desconfianza, miedo, hostilidad, abandono del hogar, conducta antisocial.

Hacia sí mismo/a: vergüenza, culpa, estigmatización, baja autoestima.

Tono afectivo: ansiedad, angustia, depresión, etc. En torno al 25% sufre sentimientos de depresión.

Sexualidad: exceso de curiosidad, precocidad de conductas, prostitución infantil. Entre el 27% y el 40% pone de manifiesto algún tipo de conducta sexual anormal.

También puede provocar problemas del sueño y/o comida, problemas escolares y falta de concentración.

EFECTOS A LARGO PLAZO: ANSIEDAD Y DEPRESIÓN

Son, comparativamente, menos frecuentes y menos claros que los efectos iniciales. Dependen de factores como el tipo de abuso, la relación con el agresor y sus estrategias, la edad, duración y frecuencia, etc. Se estima que afectan aproximadamente al 20 por ciento de quienes sufren estas prácticas. Entre las consecuencias detectadas figuran las siguientes 1 :

La depresión es la patología más claramente relacionada con los abusos sexuales. Los estudios efectuados al respecto muestran que quienes los sufrieron durante la infancia es más probable que tengan depresiones durante la vida adulta.

Las ideas de suicidio, los intentos de suicidio y los suicidios consumados también son más probables en quienes han sido víctimas de abusos sexuales.

Los abusos sexuales provocan también sentimientos de estigmatización, aislamiento y marginalidad que disminuyen, con frecuencia, la autoestima de quienes los sufrieron.

La ansiedad, la tensión y las dificultades en los hábitos de comida están asociados también con una mayor frecuencia a este tipo de traumas infantiles.

Las dificultades de tipo relacional, en especial con los hombres, los padres o los propios hijos, acompañan también, con cierta frecuencia estas sintomatologías. Es frecuente que la víctima sienta hostilidad hacia las personas del mismo sexo que el agresor.

La víctima de abusos sexuales en la infancia está también más predispuesta a sufrir abusos sexuales, por su pareja u otros, cuando es adulta.

También se han confirmado otros efectos relacionados con la sexualidad: dificultad para relajarse, anorgasmia, promiscuidad, explotación sexual, etc. Según López y Del Campo, todo parece indicar que “las víctimas de abusos sexuales durante la infancia tienen más dificultades sexuales y disfrutan menos con la actividad sexual”.

NO TODAS LAS VÍCTIMAS NECESITAN TRATAMIENTO, PERO SÍ AYUDA

Tan sólo el 8% de las víctimas y sus familias recibe tratamiento 9 . Expertos como Félix López se muestran “totalmente contrarios a la idea de que todas las víctimas deban recibir tratamiento terapéutico ya que la postura intervencionista puede sobredimensionar los efectos de los abusos y, además, es imposible desde el punto de vista económico” 3 .

Lo que sí precisan todas las víctimas es ayuda. Una ayuda que el 60% no recibe. En este sentido resulta fundamental la actitud que adopte la persona o personas a las que la víctima comunique la experiencia. “La reacción de quienes se enteran de que alguien ha sido víctima de abusos sexuales suele ser creer a la víctima, pero suelen limitarse a escuchar o dar apoyo emocional, aunque esto es considerado por las víctimas como muy útil”, según Félix López. Creer a las víctimas, escucharlas y apoyarlas emocionalmente es un forma muy importante de ofrecerles ayuda, aunque resulta insuficiente 4 .

PERFIL DEL AGRESOR

¿Se puede hacer un retrato robot de los agresores? No existe un prototipo, aunque sí pueden apuntarse ciertas características que pueden aproximarnos a su perfil más habitual 1 , 2 , 9 .

Los agresores son mayoritariamente varones, oscilando los porcentajes entre un 80 y un 92 por ciento, según las investigaciones 6 . Generalmente se trata de hombres adultos y jóvenes, incluyendo adolescentes.

Habitualmente eligen víctimas del otro sexo

Son precoces: casi la mitad tuvo su primer comportamiento de abuso antes de cumplir 16 años.

Suelen ser reincidentes y actúan más en las ciudades que en las zonas rurales

Aparentemente son personas normales, pero presentan problemas de socialización y serias carencias en valores sociales.

Suelen ser agresivos o retraídos y muy insensibles.

No saben seducir a sus iguales, los adultos.

La mayoría no busca tratamiento. Tal como señala Blanca Vázquez, “el ofensor sexual, y particularmente el de niños, “construye” toda una serie de argumentaciones en torno a su conducta delictiva /…/ en base a las cuales no presenta rastro de culpabilidad alguna que le lleve a ponerse en tratamiento psicológico”.

Tienen una escasa capacidad para ponerse en el lugar de otros y compartir sus sentimientos (empatía).

En la mitad de los casos son desconocidos. En la otra mitad, se trata de familiares o conocidos de las víctimas, lo que representa un porcentaje inferior al que se registra en las sociedades anglosajonas, “quizás porque la familia mediterránea es más protectora”, explica el catedrático de Sexología Félix López.

Sólo en un 10 por ciento de los casos usan la violencia. Habitualmente recurren al engaño, tratan de ganarse la confianza de las víctimas o se aprovechan de la confianza familiar, utilizan estrategias como el factor sorpresa, les amenazan o les dan premios o privilegios de diferente tipo.

La mayoría no son pedófilos, es decir, adultos que se sienten orientados sexualmente exclusiva o preferentemente por los niños.

Aún cuando los abusos sexuales a menores no son, en absoluto, un fenómeno reciente, en los últimos años se están registrando algunas tendencias novedosas. Por ejemplo, “existen indicios de un incremento de los abusos cometidos por adolescentes y jóvenes, asociado, entre otros factores, al abuso del alcohol”. Investigaciones recientes confirman que el 20 por ciento de las violaciones son cometidas por menores de edad 3 , 6 .

En muchas clínicas de Estados Unidos se está produciendo un “incremento dramático en la cifra de agresores adolescentes que agreden a otros niños”, según el National Committee to Prevent Child Abuse 5 . Un estudio realizado en Liverpool revela, asimismo, que la tercera parte de todos los agresores sexuales era menor de 18 años, dato que coincide con los resultados de una investigación efectuada a instancias del Departamento de Salud Británico en 1992 7 .

MOTIVOS

“Por razones muy diversas: porque no son capaces de controlar su conducta o por una falta de habilidades sociales para resolver sus necesidades sexuales con otros adultos, con iguales”. Según Félix López, se trata de individuos que suelen ser “agresivos, retraídos, que no saben seducir”. También tienden a carecer de valores sociales como la igualdad entre sexos 3 .

Los investigadores Groth y Birnbaum (1979) propusieron una tipología de agresores que, aunque tiene un valor relativo, puede ayudar a entender por qué algunas personas abusan sexualmente de los niños y las niñas. De acuerdo con ella, existirían dos grupos 4 :

El primero, y más numeroso, está formado por los agresores que usan el engaño, la persuasión o la presión psicológica para conseguir que los niños acepten este tipo de conductas 4 . De acuerdo con los casos atendidos por Servicio de Atención al Abuso Sexual (SAAS) de la Comunidad Valenciana , “el engaño y el chantaje emocional son las estrategias más frecuentemente utilizadas por los agresores” 11 . Estos agresores no usan la violencia, sino que, basándose en su autoridad de adultos, padres, maestros, etc, consiguen involucrar a los niños en actividades sexuales. En este grupo estarían 4 :

Los pedófilos. Son sujetos inmaduros que no son capaces de adoptar pautas de comportamiento sexual adulto.

Adultos que mantienen actividad sexual con otros adultos. Llevan una vida sexual aparentemente normal, pero en determinadas circunstancias abusan sexualmente de menores. Entre estas circunstancias están los conflictos matrimoniales, la insatisfacción sexual, la baja autoestima, especialmente en el campo sexual y, sobre todo, el abuso del alcohol u otras drogas. Este es el subgrupo más numeroso.

El segundo grupo está integrado por los que usan la violencia o diferentes formas de agresión. Su deseo no está orientado exclusivamente hacia los niños, pero éstos tienen un especial atractivo para ellos porque son más fáciles de doblegar y dominar sin riesgo para el agresor 4 .

Recurren a estas conductas porque se sienten angustiados por otros motivos y desplazan a este campo sus sentimientos buscando compensaciones.

Otros parecen disfrutar usando el poder sobre el niño/a.

Algunos, muy pocos, son sádicos que obtienen satisfacción cuando la actividad sexual va acompañada del sufrimiento del niño o niño

CÓMO DETECTAR UN CASO DE ABUSO?

No hay síntomas vinculados exclusivamente a los abusos, aunque sí ciertos síntomas asociados a ellos. Se definen los siguientes 1 , 2 , 4 , 8 :

Indicadores físicos. aunque con frecuencia los abusos sexuales no producen lesiones físicas, entre los indicadores y lesiones de este tipo de abuso se encuentran el sangrado en genitales o ano, las fisuras anales, los moratones, la infección urinaria y el dolor al sentarse o andar. Entre los indicadores físicos están, también, los problemas del sueño o alimentación y el embarazo en adolescentes.

Conductas: aislamiento social, desconfianza relacional, conocimiento y/o práctica de conductas sexuales no propias de la edad, lenguaje sexual, masturbación excesiva, agredir a otros, delincuencia y uso de drogas en la adolescencia, problemas escolares, etc.

Emociones: síntomas de ansiedad, terrores nocturnos, depresión, sentimiento de culpa, miedo a los adultos o a un adulto específico, agresión, conflictos con la familia o amigos.

¿QUÉ HACER ANTE UN POSIBLE CASO DE ABUSO?

Los expertos formulan las siguientes recomendaciones 12 :

Propiciar la confianza de los niños y escucharles. Padres y educadores deben animarles a hablar (“Ten confianza en mí”, “Puedes contarme lo que sea”, “Quiero escuchar lo que me quieres decir”, “Yo puedo ayudarte a solucionarlo”).

Creer al niño. No hay que cuestionar la veracidad de los hechos porque cuando los niños cuentan un abuso, no mienten prácticamente nunca.

Decirle que no es culpable. Casi siempre muestran sentimientos de culpabilidad, por lo que es muy importante dejarle claro que él no tiene ninguna culpa, que el responsable es el agresor (“Tú no has hecho nada malo”, “No es tu culpa”, “Tú no has podido evitarlo).

Hacer que se sienta orgulloso por haberlo contado. Quienes comunican estos hechos son valientes (“Estoy muy orgulloso de ti por habérmelo contado”, “Has sido muy valiente al contarme esto”).

Asegurarle que no le ocurrirá nada, que el abuso no se repetirá y no habrá represalias (“Ahora que me lo has contado, ya no volverá a suceder”).

Decirle que saldrá adelante (“Sé que ahora te sientes mal, pero te vamos a ayudar para que vuelvas a sentirte bien”).

Expresarle afecto. Necesitan sentirse seguros y queridos, sobre todo en situaciones traumáticas como en los casos de abusos sexuales.

Hablar de lo ocurrido y del agresor. El niño debe reconocer sus sentimientos. Hay que animarle a hablar del abuso y hablar del agresor como alguien que necesita ayuda (“¿Quieres contarme cómo ocurrió?, “Te ha hecho algo malo, pero él también necesita ayuda para que no lo vuelva a hacer”).

Comunicar el abuso a la familia o a los Servicios de Protección de Menores. Hay que informar a la familia de lo ocurrido cuanto antes, para que busquen la ayuda necesaria y protejan al niño para que el abuso no vuelva a producirse. Si el abuso es intrafamiliar, se debe informar a un familiar directo diferente del agresor. En estos casos conviene seguir el caso, llamando a la familia o concertando entrevistas con ella para comprobar si está intentando resolver el problema o si se está ocultando o negando, como ocurre muchas veces. Si está implicado el padre, hay que comunicarlo a los Servicios de Protección de Menores para evitar que los miembros de la familia se organicen y silencien el abuso.

LO QUE NO HAY QUE HACER

Culpar al niño del abuso. No hay que reñirle o castigarle por lo sucedido 12 . Se haya resistido o no, lo importante es no responsabilizar al menor, incluso en los casos en los que el agresor ha logrado que colabore 1 , 12 . Nunca hay que abordarle con preguntas como: “¿Por qué le dejaste hacerlo?”, “¿Por qué no me lo dijiste antes?”, “¿Por qué no dijiste no, huiste o luchaste” 12 . “Un ex alumno de 20 años de un centro abusó de cuatro escolares. Uno de ellos se lo contó a su hermano y éste le confesó que también le había ocurrido con el mismo chico. La directora le entrevistó y le preguntó: ¿Por qué no lo evitaste?, ¿por qué no te fuiste? El chico respondió: porque pesaba mucho y no pude librarme de él”. Para Amaia del Campo y la mayoría de los expertos resulta fundamental no culpabilizar, en ningún caso, a los niños: “Las víctimas nunca tienen la culpa. La culpa”, concluye, “es siempre del agresor” 3 .

Negar que el abuso ha ocurrido (“¿Estás seguro/a?”, “No es verdad, debe ser un malentendido”, “No inventes esas historias”) 12 .

Expresar alarma, angustia por el niño/a o por el agresor 12 .

Tratar al niño/a de forma diferente. Evitar tocarle, acariciarle, hablar de él o ella como la víctima 12 .

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